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lunes, 5 de enero de 2009

Enfermería: "El arte de cuidar"

Desde pequeña quise ser enfermera.
No sé si la enfermedad continua y constante de mi madre influyeron indirectamente en mi “vocación”. Indirectamente, digo, porque no entraba en los planes de mis padres que yo (chica) estudiara ninguna carrera.
Después de veintiocho años de profesión nunca había mirado hacia atrás, hacia los inicios. Nunca me había recreado en la Historia de la enfermería, más allá de las asignaturas puramente curriculares, en cómo se había ido conformando mi profesión. Y ahora, con la “madurez”, tanto física como profesional, me interesan algunos porqués.
¿Por qué casi exclusivamente una profesión de mujeres?
¿Por qué se utiliza como argumento erótico-sexual?
¿Por qué siempre en constante, sino enfrentamiento, en alerta con los médicos y la medicina?
¿Por qué siempre cuestionando (o demostrando) la profesionalidad?
Es cierto, muchas de éstas cuestiones ya no las viven las nuevas generaciones, pero, todavía queda en el recuerdo de la nuestra y otras muchas, y seguimos viendo que aunque sutiles y matizadas, prevalecen.


Enfermería y mujer
Definir la Enfermería como ciencia y arte, arrastra consigo una tradición que se remonta al origen mismo de los pueblos, de la sociedad.
Porque la Enfermería es mucho más que un oficio, es una ciencia en la que se conjugan el conocimiento, el corazón, la fortaleza y el humanitarismo. Establecer una clara distinción entre la medicina, entendida como el arte de curar, y la enfermería, entendida como el arte de cuidar, en su proceso evolutivo, es difícil puesto que desde sus inicios han estado estrechamente entrelazadas y han caminado en paralelo.
Sin embargo, resulta casi imposible definir fronteras entre la evolución de la enfermera y la evolución de la mujer. Porque el cuidado es innato en la mujer, en la madre que vela el sueño de su hijo y apacigua su dolor; en la hija que cuida a sus padres y hermanos; en la mujer que consuela y cuida a su compañero/marido...
La posición que ha ocupado la mujer en la sociedad a través de los tiempos es la que ha marcado el paso del reconocimiento de la enfermera en esa sociedad. Es el conocimiento el que ha hecho visible la Enfermería.
¿Quién sino la mujer, cuida su prole y se encarga de satisfacer sus necesidades básicas?
Ésta puede ser la razón por lo que la humanidad prosperó bajo la protección de la deidad femenina, diosa, durante un periodo de cerca de 30.000 a.C. a 3.000 a.C., como puede verse en las diferentes figuras en piedra que se han descubierto en los últimos tiempos -la Venus de Willendorf (25.000-20.000 a.C.)-

Como plantea Rodríguez en su interesante libro Dios nació mujer, entender la aniquilación de la Diosa por el Dios, el golpe de estado del Dios contra la Diosa, nos permite comprender la dinámica histórica que llevó a la mujer a ser subyugada en todos sus aspectos por el macho. Tanto la mujer como la diosa fueron perdiendo su autonomía, importancia y poder casi al mismo tiempo.
Víctimas de un entorno en el que los hombres se hicieron con el control de los medios de producción, de guerra y de cultura, convirtiéndose, por tanto, en detentadores únicos y guardianes de la propiedad privada, la paternidad y en últimas del derecho a la vida; terminando de esta manera con las sociedades matrilineales que rindieron culto a la diosa desde el Paleolítico superior y dando paso a la cultura patriarcal, con mitos y dioses diseñados no sólo a su conveniencia, sino también imagen y semejanza.
Es así, como el dios masculino termina apropiándose de las cualidades generadoras y protectoras de la diosa, relegándola al papel de madre, esposa, hermana o amante del dios varón.

En la cultura griega, la mujer participaba activamente como cuidadora, realizando las funciones propias del hogar y las de sanación. Epigona, esposa de Esculapio (principal sanador de la mitología griega) era conocida como "la que reconforta", y sus hijas Higea "diosa de la salud" ; Panacea "restauradora de la salud y de las hierbas milagrosas que lo curan todo";

Aegle
, la “luz del sol”; Meditrina, la “conservadora de la salud” (se cree que es la precursora de la enfermera de salud pública), e Iaso, que personificaba la “recuperación de la enfermedad”,son un ejemplo de ello.


Pero, mientras los altares de Esculapio ofrecían la curación por medio de ofrendas, sacrificios y voluntad divina, los médicos laicos, conocidos como artesanos, acumulaban conocimientos objetivos sobre las enfermedades del pueblo griego junto al lecho del enfermo. Practicaban tanto la cirugía como la medicina. La experiencia de ellos se recopiló en una colección de escritos que posteriormente se atribuyó a Hipócrates.
Entre los siglos VI y IV a.C. entra Grecia en lo que se ha llamado “el nacimiento o la edad de la razón, conocida también como la edad de Oro de Grecia. A los primeros filósofos griegos –Tales, Anaximandro y Anaxímenes–, se les llamó “filósofos de la naturaleza”, porque su principal interés fue entender y explicar la naturaleza y sus procesos. De la misma época: Parménides (razón), Heráclito (sentidos) y Empédocles (cuatro raíces: tierra, aire, fuego y agua). Sócrates y Platón establecieron los fundamentos para la filosofía y el gobierno.
Sin embargo, fue Aristóteles quien tuvo mayor influencia sobre la medicina al establecer los fundamentos de la biología, vegetal y animal, y de la anatomía comparada que favorecieron en forma importante el pensamiento médico. Inventó la ciencia de la lógica, abordó los temas éticos de una forma científica. Es así como la Ética nicomaquea aún rige el comportamiento médico. Aristóteles compartió con Platón como Platón compartió con Sócrates una preocupación infinita por el hombre con alma racional, por la moralidad y la política; por el hombre real que vivía con felicidad o miseria dependiendo de lo bueno o malo que fuese.
Mientras que para Sócrates y Platón el término “hombre” incluía a todos los humanos, mujeres, esclavos y extranjeros, para Aristóteles “hombre” excluía a las mujeres, esclavos y extranjeros a quienes consideraba inferiores. La inferioridad de las mujeres y esclavos era innata por lo que no podría ser curada.
Esta condición era dada, en el caso de los esclavos, por la incapacidad de estos de dejar de ser esclavos; y en caso de la mujer porque estaba limitada a permanecer en el hogar, oikos, mientras que el hombre atendía y comprendía la ciudad-estado, polis. Consideraba inferiores a los extranjeros por la imposibilidad de hablar griego y entender la filosofía.

Esculapio y su familia tienen gran significado simbólico para las artes médicas y de enfermería, puesto que de alguna manera podrían haber inspirado las especialidades modernas, de suerte que mucho antes de lo que se conoció como la era hipocrática, el pueblo helénico era tratado y curado por los sacerdotes del dios Asklepios.
Pero, mientras los altares de Esculapio ofrecían la curación por medio de ofrendas, sacrificios y voluntad divina, los médicos laicos, conocidos como artesanos, acumulaban conocimientos objetivos sobre las enfermedades del pueblo griego junto al lecho del enfermo. Practicaban tanto la cirugía como la medicina. La experiencia de ellos se recopiló en una colección de escritos que posteriormente se atribuyó a Hipócrates.


Entre los siglos VI y IV a.C. entra Grecia en lo que se ha llamado “el nacimiento o la edad de la razón, conocida también como la edad de Oro de Grecia. A los primeros filósofos griegos –Tales, Anaximandro y Anaxímenes–, se les llamó “filósofos de la naturaleza”, porque su principal interés fue entender y explicar la naturaleza y sus procesos. De la misma época: Parménides (razón), Heráclito (sentidos) y Empédocles (cuatro raíces: tierra, aire, fuego y agua). Sócrates y Platón establecieron los fundamentos para la filosofía y el gobierno.
Sin embargo, fue Aristóteles quien tuvo mayor influencia sobre la medicina al establecer los fundamentos de la biología, vegetal y animal, y de la anatomía comparada que favorecieron en forma importante el pensamiento médico. Inventó la ciencia de la lógica, abordó los temas éticos de una forma científica. Es así como la Ética nicomaquea aún rige el comportamiento médico. Aristóteles compartió con Platón como Platón compartió con Sócrates una preocupación infinita por el hombre con alma racional, por la moralidad y la política; por el hombre real que vivía con felicidad o miseria dependiendo de lo bueno o malo que fuese.
Mientras que para Sócrates y Platón el término “hombre” incluía a todos los humanos, mujeres, esclavos y extranjeros, para Aristóteles “hombre” excluía a las mujeres, esclavos y extranjeros a quienes consideraba inferiores. La inferioridad de las mujeres y esclavos era innata por lo que no podría ser curada.
Esta condición era dada, en el caso de los esclavos, por la incapacidad de estos de dejar de ser esclavos; y en caso de la mujer porque estaba limitada a permanecer en el hogar, oikos, mientras que el hombre atendía y comprendía la ciudad-estado, polis. Consideraba inferiores a los extranjeros por la imposibilidad de hablar griego y entender la filosofía.

En esos términos, la mujer-cuidadora, limitó su papel a cuidar a los enfermos del oikos, familia y aún a sus esclavos; a menos que fuera sacerdotisa, esclava o prostituta no podía ser iniciada en los “misterios” de ningún arte.

Después de la conquista de Grecia por el imperio romano (200 a.C.), los médicos griegos hechos esclavos, asumieron y propagaron la práctica médica por toda Roma presionados, posiblemente, por la peste que asolaba la ciudad (293 a.C).
Los romanos estaban muy adelantados en el cuidado de sus soldados, desarrollaron una medicina militar organizada, con primeros auxilios en el campo de batalla y creando ambulancias de campaña. Posteriormente edificaron hospitales militares conocidos como valetudinaria, con capacidad para más de 200 enfermos o soldados heridos. Según Donahue una clase de ordenanzas, los nosocomi, y los esclavos hacían de enfermeros en las valetudinaria.

Los parabolini, vocablo que significa: el que arriesga la vida al entrar en contacto con los enfermos, fueron una hermandad masculina romana, originada durante el siglo III, cuando la peste negra asoló toda la Italia mediterránea y cuando estaba en pleno auge en Alejandría, organizaron un hospital y recorrieron la ciudad atendiendo los enfermos.

A pesar de que las mujeres romanas eran muy independientes y realizaban actividades fuera del hogar, se cree que el principal papel de mujer enfermera correspondía exclusivamente al cuidado de los niños y la atención de partos.

Sin embargo, se considera que durante el Imperio Romano y el surgimiento del cristianismo, la medicina perdió progresivamente el esplendor de los griegos.
Asumir que todo trabajo manual era degradante repercutió negativamente en la evolución de la medicina.
En los albores del cristianismo y hacia el siglo IV d.C., el imperio romano se extendió por la mayor parte de Europa, Gran Bretaña, zonas de Asia Menor, y norte de África, el cual se prolongó cerca de cinco siglos después de la abolición de la República. El imperio romano gozaba de una importante organización política, legal y administrativa, amén de un gran poderío militar. Lograron grandes avances en higiene y saneamiento ambiental. Sin embargo, sólo una minoría era dueña de extensos terrenos y gozaba de grandes riquezas, mientras la mayoría del pueblo se encontraba sumida en la más absoluta pobreza o eran esclavos.

Aspasia de Mileto (escribió sobre ginecología y obstetricia)

No existía clase media, por lo que la brecha entre ricos y pobres era muy profunda.
Todo esto, unido a la corrupción al parecer llevó al debilitamiento progresivo del imperio romano; situación que, a pesar de que inicialmente estuvo prohibido por la ley, favoreció la extensión y consolidación del cristianismo, que se propagó por el mundo europeo, prevaleciendo por encima de las demás religiones y filosofías del mundo, puesto que reunió las costumbres, rituales, ideales e ideas más arraigadas en el corazón de la gente sencilla. Es así como a medida que la cultura clásica (helenístico-romana) entra en una fase de degradación y el imperio romano decae, la doctrina cristiana se va asentando en el corazón de un pueblo oprimido y miserable, generando nuevas expectativas de felicidad, santidad, justicia y amor. Los pobres, enfermos y desvalidos encuentran en la Iglesia, en los seguidores de la doctrina de Cristo un oasis, un alivio a su sufrimiento. El cuidado de los enfermos y afligidos llegó a tener un significado espiritual, que permitía acumular méritos para ganar el cielo.

La doctrina de Cristo y la fraternidad lograron la transformación de la sociedad y el desarrollo de la “enfermería organizada”, toda vez que la posición de la mujer se elevó con el cristianismo (primera era cristiana 1-500 d.C.). El altruismo puro, predicado por los primeros cristianos comulgaba a la perfección con el pensamiento y motivación de la enfermera cuidadora, que se traducía en cuidado caritativo, amoroso y desinteresado.
Es así como el cuidado de los enfermos y desvalidos surge como una obra de misericordia, las cuales abarcaban las necesidades básicas humanas: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar a los presos, albergar a los que carecen de hogar, cuidar a los enfermos y enterrar a los muertos.

La regla de oro de la práctica de la nueva fe “no era ser cuidado, sino cuidar”, por lo que el cuidado de los enfermos y afligidos se elevó a un plano superior, convirtiéndose en una vocación sagrada, en un deber declarado de todos los hombres y mujeres cristianos.
Se cree que factores como una mejor posición social de la mujer romana, la igualdad de hombres y mujeres ante Dios –y por tanto en la tarea de Dios- y el llamado de Dios a realizar su labor con todos aquellos afligidos, favorecieron la incorporación de la mujer a la "enfermería".

Las primeras órdenes de mujeres trabajadoras (grupos de enfermería) crecieron rápidamente y se convirtieron en expresión de los deseos filantrópicos y vocacionales, formando parte de ellas las diaconisas y las viudas y más tarde se incorporaron las vírgenes, las presbíteras, las canónigas y las monjas, aunque sólo las diaconisas y las monjas se dedicaban a la enfermería.

La diaconisa primitiva podía estar casada, ser viuda o virgen. Febe (60 d.C) es reconocida como la primera diaconisa y la primera enfermera visitadora siendo la única diaconisa a quien menciona San Pablo en el Nuevo Testamento. Las diaconisas trabajaban sobre una base de igualdad con el diácono, tenían múltiples funciones entre ellas colaborar en el sacramento del bautimo, cuidar y visitar a los enfermos, llevarles comida, dinero, vestido, atención física y espiritual, entre otras.

Una de las matronas romanas más conocida es Fabiola, divorciada la primera vez y viuda en la segunda oportunidad, se convirtió al cristianismo renunciando a los placeres terrenales, reconoció sus errores y se unió a los penitentes. Con su inmensa fortuna fundó, en su propio palacio, el primer hospital gratuito de Roma, el cual fue descrito por San Jerónimo como nosocomium, o lugar donde se cuidaba enfermos, diferenciando entre enfermos y pobres. Se le ha considerado la matrona de la enfermería primitiva; aunque también se conocen Paula y Marcela, mujeres de gran inteligencia, dedicadas al estudio de las Escrituras. Para asumir el papel de la enfermera era necesario poseer una profunda motivación religiosa, con una alta dosis de autosacrificio, obediencia, humildad y desprendimiento de las cosas materiales.
San Jerónimo, su maestro y amigo, escribe este panegírico: "Fabiola buscaba a los enfermos y hambrientos por las calles y los caminos de Roma(…) ¡ cuán a menudo la he visto llevando en sus brazos a estas víctimas lastimeras, sucias y repulsivas, con enfermedades espantosas!.¡Cuántas veces la he visto lavando heridas cuyo olor fétido impedía a las demás personas ni siquiera acercarse!. Ella daba de comer a los enfermos con sus propias manos y reanimaba a los moribundos con pequeñas cantidades de alimento".



































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