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domingo, 1 de marzo de 2009

Elisabetta Sirani (1638-1665)

Bolonia es reconocida como la ciudad que produjo mayor cantidad de pintoras en el siglo XVII, hecho que se debe en parte a que allí la mujer logró muchos avances en el reconocimiento de sus derechos.
Fue en este lugar donde nació Elisabetta, en el año 1638, y como la mayoría de las artistas de la época aprendió a pintar con su padre, Giovanni Sirani -seguidor del estilo de Guido Reni- aunque este en principio rechazara la idea de que su hija se convirtiese en pintora.
Afortunadamente, la joven recibió el apoyo de quien luego sería su biógrafo, el conde Carlo Cesare Malvasia, comenzando su desarrollo como pintora en el año 1650.




A los 19 años Elisabetta comenzó a pintar como actividad profesional y pronto se hizo cargo del taller de su padre cuando se encontró incapacitado por la gota.

A través del arte, la joven pudo mantener a sus padres y sus tres hermanos.Elisabetta trabajaba con asombrosa rapidez.

Su taller llegó a ser visitado por amantes del arte de toda Europa, interesados en presenciar su proceso pictórico. Se cuenta que muchos dudaban que ella pudiera realizar con tanta rapidez una obra, por lo que llegó a convocar a los incrédulos el 16 de mayo de 1664 para que fueran testigos de su manera de pintar. En una sesión pintó un retrato completo. Se cree que el mal genio del padre contribuyó a que pintara rápido.

La pintura, el dibujo y el grabado no fueron las únicas actividades cultivadas por esta artista; también incursionó en la música y la poesía. En todos estos ámbitos desarrolló sus obras en torno a temas históricos y religiosos. También realizó retratos, pero lamentablemente ninguno ha sobrevivido, salvo sus autorretratos.

Un ejemplo de tema histórico es su obra “Porcia hiriéndose el muslo” (1664), que representa a la esposa de Brutus tratando de probar a su marido que es digna de su confianza, hiriéndose el muslo para demostrar su valentía, cualidad asociada comúnmente con los hombres. Esta es una escena de Julio César, como está contada por Shakespeare.En su temática religiosa tuvo gran aprecio de la Iglesia, que luego de conocer sus aguafuertes le hizo varios encargos, entre los que se encuentra “El Bautismo de Cristo” para la iglesia de Certosini.También la nobleza se interesó en el trabajo de Elisabetta. Entre sus clientes más prominentes se encuentra el Gran Duque Cosimo III de Medici.

En 1644 pintó el retrato del Príncipe Leopoldo de la Toscana, y el Príncipe Heredero de la Toscana le encargó una Virgen.El estilo de su pintura difiere un poco del de sus dibujos a lápiz y tinta, caracterizados por fuertes contrastes de luz y sombra. En concordancia con la escuela clásica boloñesa, en su pintura suaviza más los contrastes con sombras tostadas. La composición es simple, la pincelada rápida. Algunos califican su estilo como de tendencia decorativa y otros también han notado dificultades en sus dibujos anatómicos, tal vez por no poder representar desnudos con modelos vivos.




Elisabetta tuvo una muerte temprana que sólo le permitió desarrollar una carrera de una década, en la que tuvo una producción de casi 200 obras.

Tenía 27 años cuando comenzó a sufrir fuertes dolores estomacales que provocaron repentinamente su deceso. Su padre sospechó que había sido envenenada por una sirvienta celosa, a quien llevó a juicio, pero la muchacha fue absuelta. Una autopsia que se realizó ante testigos mostró varias úlceras perforadas en el estómago de Elisabetta. Hoy se cree que la presión bajo la cual trabajaba fue probablemente la causa de su enfermedad. Su funeral fue realizado con grandes honores, con un catafalco representando el Templo de la Fama que contenía una estatua de la artista sentada frente a su caballete, en tamaño natural. Como legado, esta artista no sólo dejó sus obras. También tuvo el mérito de haber fundado una Escuela de Arte para mujeres a la temprana edad de 14 años, de donde surgieron varias pintoras profesionales, entre las cuales se encontraban sus dos hermanas menores, Anna María y Bárbara.



sábado, 14 de febrero de 2009

Sofonisba Anguissola (1532-1625)




El olvido en el que la historia del arte ha sumido la obra de esta pintora, es uno de los más claros ejemplos del como la nula consideración en la que se ha tenido a las mujeres a lo largo del tiempo, ha pasado por encima del rigor en el estudio.

Aunque seguro que no fue la primera mujer pintora, sí que fue la primera mujer en la historia a la que se le reconoció oficialmente el estatus de artista e incluso consiguió fama y ganarse muy bien la vida con sus pinturas, algo nunca visto hasta entonces.

Pese a gozar de fama, pronto cayó en el olvido y muchas de sus obras fueron atribuidas a otros pintores.


Sofonisba debe su peculiar nombre al gusto de su padre, Amilcare Anguissola por los nombres procedentes de la historia antigua de Cartago. Curiosamente, constituyendo una rareza en la época, su padre decidió educar a Sofonisba y a sus hermanas como a jóvenes prodigios del humanismo, ya que todas ellas practicaron música, pintura y alguna de ellas incluso la literatura.


Curioso autorretrato donde Sofonisba se pinta siendo pintada.
Se cree que el pintor que se ve es su maestro Bernardino Campi
y que con este cuadro, Sofonisba quiso quedar claro que estaba
a la altura (o más) de cualquier pintor.

Su primer maestro fue Bernardino Campi, con quien aprendió las labores básicas de prepararlolienzos o tablas, la imprimación, la obtención de los pigmentos requeridos, etc.La familia Anguissola procedía de la pequeña aristocracia de Cremona (Ducado de Milán), por lo que no estaba bien visto que las jóvenes aprendices de pintoras retratasen modelos, con lo que pronto se acostumbran a retratarse en familia, haciendo que sean retratos tiernos, de momentos íntimos, captados en momentos cotidianos, como por ejemplo el retrato que Sofonisba pinta de su hermano Asdrúbal con unos dos años llorando, al tiempo que una de las niñas trata de consolarlo.

También empezó a retratarse a si misma, al igual que muchos de los grandes pintores de la historia, utilizando su imagen para experimentar e indagar en los senderos del arte. Se conservan autorretratos suyos desde los quince o catorce años hasta los casi noventa años.Tras pasar unos tres años aprendiendo con Bernardino Gatti, su segundo maestro, a mediados de siglo XVI, en 1554 (cuenta entonces con 21 años) decide viajar a Roma para aprender de los grandes artistas que allí trabajaban, sobre todo con el maestro Miguel Ángel, que aunque ya pasaba de los setenta años, seguía trabajando para el Papado y dominando el panorama artístico.


Cuando él le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó "Niño mordido por un cangrejo", y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados.













“Niño mordido por un cangrejo” boceto que hizo Sofonisba y que se encontró entre los documentos de M.Angel. En el dibujo se ve a Sofonisba y su hermano pequeño.







Se conservan dos cartas de Amilcare Anguissola dirigidas a Miguel Ángel, en las que le agradece el trato y atenciones que éste dispensó a su hija. Durante ese tiempo transcurrido en Roma, su fama como artista comenzó a crecer, incluso uno de sus autorretratos fue adquirido por el Papa Julio III.
Tras su estancia en Roma viaja a otras ciudades como Mantua o Milán, donde contactó con el Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, del que pintó un retrato hoy perdido, que supuso su contacto con la corte de España.

En aquel momento se estaba gestando la tercera boda de Felipe II con la jovencísima Isabel de Valois, que mostraba un gran interés por la música y las artes, motivo por el que el monarca decidió que una mujer de talento como Sofonisba sería adecuada como compañera de la reina.


Es realmente curioso el que hubiera que buscar una justificación de su presencia en la Corte sin “manchar” la honorabilidad de los Anguissola, que aunque humildes, seguían siendo aristócratas, por lo que no podían atribuir a Sofonisba ninguna ocupación “utilitaria” (ese tipo de prestación correspondería a personas de extracción social más baja).


Así pues, pese a ser de la baja nobleza, residió en España en calidad de “dama de honor” de la reina desde 1559. En estos años se mantuvo muy activa como retratista, tanto de la familia real (la reina, el rey, las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina, el príncipe Don Carlos) como de diversos personajes de la corte. Gran parte de estos retratos, expuestos en varios museos y colecciones fueron los atribudos a otros pintores como Tiziano, Sánchez Coello o Pantoja de la Cruz.






Isabel de Valois





















En 1568, fallece Isabel de Valois, pese a lo cual Sofonisba continúa en la corte, lo que demuestra la alta estima en la que la tenía el monarca, que incluso consigue que la pintora se case con un caballero de la alta nobleza siciliana, Don Fabricio de Moncada, actuando el mismo como testigo de la ceremonia.

En 1573 Sofonisba partió hacia Sicilia, y poco sabemos de ella en los cinco años que duró este matrimonio. Volvemos a tener noticias de ella con motivo de su segunda y polémica boda con Orazio Lomellini, un hombre del que poco se sabe, solo que era el capitán del barco en el que la pintora viajaba cuando enviudó para regresar a su casa paterna.

La boda no gustó en el entorno de Sofonisba, ni en su familia ni en la de su difunto marido, ya que al inferior rango social de Orazio le sumaban como inconveniente la mayor juventud de éste frente a Sofonisba.
Pese a esto, el matrimonio se instaló en Génova donde la pintora vivió hasta los noventa años y siguió trabajando, pintando retratos y también cuadros religiosos, dentro del espíritu creciente de la Contrarreforma. Allí recibía visitas destacadas, como la de la infanta Isabel Clara Eugenia y parece ser que enseñando su arte a algún discípulo.


En 1615 se trasladó a Sicilia donde está documentada una visita que le hizo el entonces jovencísimo aprendiz de Rubens, Van Dick, que le hizo dos retratos y anotó en su diario la profunda impresión que le causó la artista. Hasta 1620 siguió trabajando, pues de esta fecha es su último autorretrato, quizás su última obra.

Falleció en 1625 en Palermo, dejando una obra artística de calidad, pronto olvidada por los historiadores, rescatada en las últimas décadas y devuelta al lugar que le corresponde.


Último autorretrato de Sofonisba realizado poco antes de su muerte.

El secreto de su arte podría resumirse en unas palabras dichas por ella en cierta ocasión:

"La vida está llena de sorpresas, intento capturar esos preciosos momentos con los ojos bien abiertos".































lunes, 15 de diciembre de 2008


A lo largo de los siglos las mujeres han sido marginadas de la "historia oficial".


La cultura de la inferioridad y de la sumisión femenina atravesó la Historia y las conciencias y afectó a la Humanidad.
Se las privó del derecho a la existencia (no hay más que recordar China y otros lugares), se atacó su diginidad y, por supuesto, se les negó el derecho a la educación.


La frenología quiso demostrar la inferioridad de la mujer basándose en que las dimensiones del cerebro femenino son menores que las del cerebro masculino. Se determinó que ellas eran de constitución débil, pasiva y tierna; incapaz de pensar o de organizarse; ya lo dijo Darwin, que la superioridad masculina y la inferioridad de las mujeres <<resulta sobradamente probada>>.
Se las quería "sufridas,castas, cuidadosas, benignas, piadosas, obedientes, calladas y recogidas". Y bajo la apariencia de protección y ayuda, siempre se desconfiaba de ellas.
Se las encerraba en casa y en la ignorancia.

Se encerraron talentos, personalidades, posibilidades...; se les impidió realizar lo que se consideró "impropio a su sexo", que era casi todo; se las hizo invisibles, se las alejó del bullicio de la Historia. La mayoría de los varones, en casi todos los tiempos, prefirieron que no entraran en su "mundo"; otros pensaron que "su mayor encanto" residía en su "ignorancia".

En todo el mundo, y de mil formas distintas existen (mayoritariamente mujeres), que se dedican a recuperar retazos de historias de mujeres implicadas de una manera u otra en la política, la religión, las ciencias, el arte..., trabajos rigurosos, y que, presumo muy costosos, que agradezco y disfruto y que harán posible mi pequeño homenaje particular en este "cuaderno" a algunas de esas mujeres que me atraen por su vida o por su obra, que han dejado un legado valioso para la Humanidad.


Pintora Marie Louise Elisabeth Vigée Le Brun
París, Francia, 1755-1842.


Louise Elisabeth Vigée (1755-1842), hija del pintor Louis Vigée y Jeanne Maissin, nace ocho meses después que Luís XVI, rey de Francia, hijo del delfín Luís Fernando.

La obra de esta artista está ligada a la vida de este rey y su corte. Así como la obra de su padre, estuvo ligada a la corte de Luís XV.

Louise Elisabeth contaba con el favor de la reina María Antonieta, siendo su confidente. En 1783, la reina intercedió para obligar a los miembros de la Académie Royale a que aceptaran a Louise Elisabeth ya que se negaban a recibir mujeres como miembros de su academia. Solo los miembros de la Académie eran autorizados a pintar.
Louise Elisabeth pintó toda la corte de este noble e ingenuo Luís XVI. Pintó a su esposa, sus hijos y sus ayas, sus amantes, sus príncipes y vizcondes, sus duques y nobles cortesanos.

Los pintó de una forma que logramos vislumbrar el modo de vida de esta gente. Toda esa esplendorosa sociedad que dedicaba su tiempo a intrigar y jugar por los jardines del Palacio de Versalles; asistir a conciertos de Haydn o Mozart; o escuchar cantar a castratos como Farinelli.



La mayor virtud de esta retratista es mostrar lo que quieren que veamos sus modelos; utilizando una gran técnica que se puede apreciar en los finos pliegues de las vestiduras, es como si estas telas tuvieran vida propia.

El estilo, pictórico, para reflejar lo refinado, extravagante y sensual es el Rococó; el Barroco tiene una mayor influencia religiosa. Este Rococó es el estilo de Vigée porque es un estilo mundano, que retrata temas de la vida diaria, de una forma elegante con colores luminosos, suaves y claros.

Vigée Le Brun tuvo que huir de París para salvar su cabeza, recorrió toda Europa retratando personajes de las diferentes casas reales, en un exilio que duró casí dos décadas.

Pintó casi mil cuadros, esta mujer exquisita y talentosa. Mujer que vivió el terror de una época, sin perder su dignidad de persona y artista. Mujer que al vivir la mitad de su vida en las cortes del “Ancien Régime” y la otra mitad en un exilio dorado, nunca dejó de añorar ese pasado majestuoso y extravagante. Al volver a su tierra se encontró con la monarquía restaurada pero con una aristocracia austera, temerosa y restringida.















Vigée y su hija Julie



Sacándole partido a su belleza, realizó una gran cantidad de autorretratos siendo este uno de los más bellos.
Su tiempo había desaparecido. En su lapida se lee: “Aquí, al fin, descanso”.

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